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Todo pasa adentro

Actualizado: 29 jun

Una vez que el bichito del orden interior y la búsqueda de la dirección correcta se instalan, empieza una aventura de la que no volvemos iguales.


Vista desde arriba de unos pies con zapatillas a cuadros bajando una escalera de granito con luz natural.
Bajando por la escalera de casa de Tincho, Núñez, Buenos Aires.

Me impresiona cómo las sensaciones corporales nos avisan por dónde ir y qué decisiones son las correctas. Al menos en mi caso, sea que esté trabajando en un proyecto o mismo en mi vida personal, cuando el desgano me supera, interpreto que todavía no llegué a ese WOW moment en el que, cuerpo y mente se unen, muerden la idea correcta y el entusiasmo se lleva por delante todo el resto del proceso, importándole muy poco si es tarde, si comiste o si tenés otro plan: Algo te entusiasmó y toda tu persona quiere meterle a eso sin importar tiempo y espacio.


Personalmente amo esa sensación, porque ahí es donde sé que encontré lo que estaba buscando y el cuerpo me lo devuelve con mariposas en la panza y un toque de ansiedad por verlo terminado.


El accionable que veo es: no parar hasta que el cuerpo diga ese sí: no el Excel, no la opinión de otros, no el timing perfecto. El cuerpo. Ese desgano que sentís cuando algo no termina de prender no es pereza. Es información. Y ese momento en que todo se enciende y perdés la noción del tiempo tampoco es casualidad: es la señal de que llegaste.

Así que si todavía no encontraste eso que te hace querer meterte de lleno sin mirar el reloj, seguí buscando. No llegaste todavía. Y eso está perfectamente bien.


J.

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