Todo pasa adentro
- Juliana Rojas

- 25 mar
- 1 Min. de lectura
Actualizado: hace 6 días
Una vez que el bichito del orden interior y la búsqueda de la dirección correcta se instalan, empieza una aventura de la que no volvemos iguales.

Me impresiona cómo las sensaciones corporales nos avisan por dónde ir y qué decisiones son las correctas. Al menos en mi caso, sea que esté trabajando en un proyecto o mismo en mi vida personal, cuando el desgano me supera, interpreto que todavía no llegué a ese WOW moment en el que, cuerpo y mente se unen, muerden la idea correcta y el entusiasmo se lleva por delante todo el resto del proceso, importándole muy poco si es tarde, si comiste o si tenés otro plan: Algo te entusiasmó y toda tu persona quiere meterle a eso sin importar tiempo y espacio.
Personalmente amo esa sensación, porque ahí es donde sé que encontré lo que estaba buscando y el cuerpo me lo devuelve con mariposas en la panza y un toque de ansiedad por verlo terminado.
La moraleja de todo esto es simple: no pares hasta que el cuerpo diga que sí: no el Excel, no la opinión de otros, no el timing perfecto. El cuerpo. Ese desgano que sentís cuando algo no termina de prender no es pereza. Es información. Y ese momento en que todo se enciende y perdés la noción del tiempo tampoco es casualidad: es la señal de que llegaste.
Así que si todavía no encontraste eso que te hace querer meterte de lleno sin mirar el reloj, seguí buscando. No llegaste todavía. Y eso está perfectamente bien.
J.

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