Tenía una marca personal cómoda, con años de historia y material impreso de sobra. Esta es la historia de por qué la dejé por otra que ni siquiera había estrenado.
Dos días antes de salir de vacaciones, reorganizo mi agenda cargada de tareas y descubro dos tarjetas que no esperaba entre tanta obligación. Ahí me hice una pregunta simple que termina abriendo algo más grande: ¿qué significa, en realidad, no hacer nada?