Una tarde armando pasta casera con las herramientas equivocadas termina abriendo una pregunta más grande: quién pone el brief cuando ya nadie te lo da. Un repaso por el año de coaching que la llevó a escribirse el propio.
Una casa comprada con cada rincón imaginado meses antes de tenerla, y una hoja de hábitos que se quedó a mitad de una grilla. Entre esas dos veredas, una reflexión sobre lo que realmente hace falta para sostener una meta hasta el final.
Durante años tuve un muñequito mirando para el lado equivocado, sin darme cuenta de lo que eso significaba. Esto es lo que entendí el día que, esperando el agua del mate, lo giré ciento ochenta grados.