Durante años tuve un muñequito mirando para el lado equivocado, sin darme cuenta de lo que eso significaba. Esto es lo que entendí el día que, esperando el agua del mate, lo giré ciento ochenta grados.
Fui a Amsterdam a hacer nada en particular y terminé mirando veredas mojadas como quien mira un proyecto sin terminar. En dos días, junté un montón de detalles y una pila de ganas de volver.
Subirse a una montaña rusa implica elegir la fila sabiendo lo que viene. Este post habla del miedo que no te frena sino que te carga, y de lo que quedó atrás cuando bajás.