La fila también es parte del juego
- Juliana Rojas

- 14 jun
- 2 min de lectura
Escuchaba gritos que venían de la montaña rusa, nadie murió, pero algo sí.

Hay algo enigmático y masoquista que pasa en los parques de diversiones que no pasa en casi ningún otro lado: vos entendés bastante lo que vas a vivir, tu cuerpo vibra internamente en una combinación entre ansiedad y tensión. Sabés que está por pasar algo antinatural, sabés que requiere de cierta valentía y también sabés que en este momento tu consciencia no te atiende el teléfono. Viste el juego, escuchaste esos gritos, sentiste el aire cuando pasaron por arriba tuyo. Igual, vos te quedaste en la fila.
Esa inconsciencia es otra cosa.
La fila de esos lugares es el momento en que el miedo y las ganas conviven sin arrancarse los pelos. Se miden, se miran de reojo, pero no ganó ninguno de los dos todavía. Ahí vas vos, avanzando de a poco, eligiendo minuto a minuto quedarte en esa fila. En cada paso que das hacia adelante, sabés que queda menos tiempo para hacer algo que nadie te obliga a hacer. El juego está ahí, y vos elegís acercarte.
En esa espera hay algo que en general no queda en el registro de las personas: la fila también es parte del juego. Es donde te preparás sin saber bien para qué. Es donde el cuerpo empieza a hacer algo con ese miedo antes de que pase nada. Te podrías bajar del plan, y sin embargo seguís. El miedo no te hizo caminar para otro juego, te empuja un pasito más.
No es cualquier miedo, viste. Cuando hay miedo tiene que haber también un beneficio real, algo que te acerque a lo que valorás. Sufrir por sufrir no tiene ningún sentido*. La montaña rusa vale la pena cuando sabés por qué te querés subir.
Y como la montaña rusa, la curva que genera el entusiasmo es ascendente. El ir y probar, como un juego atrás del otro, conociendo los riesgos, siendo paciente cuando hay que esperar, yendo con una mezcla de expectativa y cautela de la que no te pensás bajar. Si no, para qué fuiste.
Después bajás y ahí está la parte que nadie te cuenta del todo: bajás con un empuje de novela, te sentís el de la película gritando en Esparta, querés hacer la fila de nuevo para repetir o ir a otro similar, a full de valentía y adrenalina, con una vibración existencial muy potente. Algo quedó atrás en la espera, una versión tuya que no había atravesado la contradicción. La mirás desde arriba de tu hombro, la mataste, quedó atrás.
El miedo no te vació. Te cargó. Eso es lo que hace un buen miedo. No desaparece del otro lado. Te espera en la próxima fila.
*Concepto extraído del capítulo: Miedo y Ansiedad. Las Olas, El Gato y la Caja.



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