Se te recalienta el motor
- Juliana Rojas

- 11 jun
- 3 min de lectura
Cuando saqué esta foto en 2016, me acuerdo que me había parecido simplemente fotografiable el escenario de una puerta a la calle repleta de libros y cosas. Estaba recién llegada a Santiago y todo me resultaba fascinante. No supe bien en qué usarla, pero igual la guardé. Hoy la miro y además de acordarme de la puerta de Mónica Geller de Friends, noto que si quisiera, no podría entrar. Ta llena.

Libros, libros y más libros apilados hasta el techo, sin orden, sin aire, sin lugar para meterte.
Un exceso de info desvalorizada. La puerta en teoría te invita y en la práctica te cachetea.
A veces noto que tengo la cabeza así, y cada tanto investigo el por qué. Lo que supe, entre otras cosas, fue que cuando te sobreexponés a demasiados estímulos creativos al mismo tiempo, se te empaquetan los pensamientos y el cuerpo reacciona, a veces, con bloqueos mentales, con abrumamiento, con deseo de tirar todo al tacho.
Pero no es que se te apaga la creatividad. Es que se te recalienta el motor.
Pinterest, Instagram, referencias, tendencias, tutoriales, capturas de pantalla, cuentas que seguís porque sí, contenido que consumís sin saber bien para qué. Entró todo, y en algún punto el cerebro dice basta, y lo que parecía inspiración se convierte en ruido. Querés hacer todo lo que ves y terminás sin hacer nada. El bloqueo no vino de adentro. Vino de afuera, disfrazado de inspiración. Qué atrevida.
Leí en Las Olas, de El Gato y la Caja*, que la ansiedad vive en la brecha entre lo que querés hacer y lo que sentís que podés hacer. Y eso es exactamente lo que pasa: no es que no tengas ideas. Es que tenés demasiadas, todas al mismo tiempo, y querés hacerlas a todas, ahora.
El tema no es absorber, es perder el hilo de por qué absorbés. En algún momento dejás de buscar lo que necesitás y empezás a agarrar lo que el algoritmo te tira. Y ahí, en ese momento exacto, perdés el contacto con lo tuyo.
¿No te pasa que vas al supermercado y ante la cantidad de productos parecidos salís con una quemazón mental importante, cuando comprando online, sin distracciones, lo hacés en cinco minutos y sin estrés? Vas derecho al hueso, mirás lo que querés comprar y punto. Creo que esto es lo mismo. Barry Schwartz (The Paradox of Choice) estudió exactamente eso: cuando tenemos demasiadas opciones, el cerebro no se expande, se paraliza. La multiplicidad no nos libera, nos estresa. Nos va mejor cuando tenemos poco para elegir y mucho para profundizar.
Bajar esa carga baja la saturación. Baja la ansiedad. Y en consecuencia, baja el cortisol que el cuerpo venía produciendo en modo alerta permanente. Ser una Marie Kondo del contenido visual y audiovisual que consumís, limpiar los recursos, desuscribirse, silenciar, soltar, alivia la mente de una manera que se siente física.
Avanzar sobre ideas concretas pesa menos que cargar con todas las ideas del mundo compitiendo por un lugar en tu cabeza. No las necesitás a todas. Sacate las que sobran de encima ni bien puedas.
*Te recomiendo mucho este libro porque te va a tocar de cerca en mucho de lo que nos pasa a los humanos.



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