Lo que mi viejo hizo bien
- Juliana Rojas

- hace 17 horas
- 2 Min. de lectura
Un relato sobre cómo las personas pueden impactar en la vida de los demás.

De chica viví muy lejos de mi papá. Ahí desarrollé una sensibilidad muy grande respecto a las despedidas. Pero cuando agarraba la camioneta y me iba a buscar, a 700 km de distancia, el reencuentro y el tiempo que pasábamos juntos eran todo.
Siempre fue de hacer lo que le pintaba por convicción, y me transfirió esa libertad aún con pocos años de edad. Con el tiempo me di cuenta de que al margen de sus temas de ausencia, cuando estaba, estaba. Yo lo necesitaba y él aparecía. Le interesaba estar cuando sabía que estaba bueno estar.
Entendí que era un chabón libre y no había discusión: si algo le resonaba, lo hacía. No registraba imposibles, ni chicos ni grandes.
Mi viejo va perdiendo la memoria, pero dentro de la lucidez que a veces tiene, sigue siendo un tipo brillante. No hace mucho tiempo le contaba sobre mis proyectos personales y me dijo: "Donde está el interés, pasan las cosas. Si se quiere, se puede y se hace." Así hizo él. Y creo que eso lo hizo un tipo exitoso.
El éxito, en definitiva, es relativo para todos nosotros, pero en mi caso (y creo que en el de él también) era: disfrutar, hacer reales y darles lugar a las cosas simples y los deseos personales, por más chiquitos que parezcan. Éxito era acostarnos a buscar satélites en el cielo, en silencio. ¿Hay algo más simple y mágico que eso?
Y si vos me vieras en esa foto.
Ahí estábamos los dos, parados contemplando andá a saber qué. Claramente él intentaba captar un paisajón, y yo absorbía todo lo que él estaba creando.
Creo que tomé lo que necesitaba para encarar mi vida desde un ángulo diferente y, sobre todo, fiel a mí misma.

Vos no me conocés, pero esta soy yo, en mi estado máximo de esponja de información: Poseída por el momento, la aventura y el tamaño de los arrayanes, y magnetizada por la compañía.
Crecí esponja. Y hoy todo eso que absorbí de él, lo pienso, lo siento y lo llevo a lo que hago.
Esa es la información que vale, la que hoy tomo para trabajar mi marca personal, para traer al frente lo importante y dejar el flu-flú de lado.
La moraleja de todo esto: Buscar inspiración, escuchar atentamente a las personas que te inspiran y extraer de ahí la esencia de lo que podría ser tu propia voz, tu manifiesto personal.
J.


Comentarios