Los recuerdos reales no se guardan en la memoria del teléfono
- Juliana Rojas

- 1 jun
- 2 min de lectura
Cuando entré al estadio y vi una luna enorme colgada en el medio del campo, me fui directo ahí. The Weeknd estaba por tocar en Buenos Aires y ese primer paneo fue muy flashero. Quedamos hipnotizados todos con la luna, que era no solo muy grande sino que tenía mucha textura de luna, ahí nomás, a metros. Me di cuenta de lo que nos pasó porque le sacamos millones de fotos. Y en ese millón mío, me di cuenta de algo.

Estábamos todos mirando a través del teléfono algo que había que mirar con el ojo directo, sin intermediarios, absorberlo a pleno, de manera analógica. La única manera en la que la cabeza traduce como experiencia y graba en el cerebro por siempre. Perdimos el presente recolectando imágenes para el futuro.
Atendeme y dejame decirte algo: cuando estás todo el día con el teléfono en la mano queriendo inmortalizar todo lo que ves, no estás haciendo ni una ni la otra. Te abstraés, te encerrás en el cuadradito digital, creyendo que al revivirlo vas a sentir lo mismo que en ese momento. Y te digo algo más: nada que ver. Cuando lo veas, no va a estar toda esa atmósfera acompañándote, el aire de recital, las personas que tenés alrededor, el sonido envolvente del estadio, y el cantante al que le pagaste para que cante en vivo para vos.
Pasa que no estamos dando espacio a la contemplación, a experienciar el presente. Por más hippie que suene, lo tenemos adelante y lo descartamos de plano para revivirlo más adelante. Pero no va a ser lo mismo, y ese tren del presente ya se va a haber ido.
Somos seres sociales, sí. Tiene todo el sentido del mundo sacar una foto, compartir un momento con alguien que no está físicamente ahí. Eso es conexión real. El problema es otro: creer que es más importante capturar todo el tiempo todo para más adelante, que vivirlo. Hablar con el que no está, antes que con el que sí está. Querer ser visto disfrutando más que disfrutar.
¿Está bueno el registro? Obvio que sí. Banco a full sacar fotos y videos. Soy de esas personas que registran. Pero un momento, para después sumergirme en lo real, en lo que me pone la piel de gallina, en lo que me va a quedar guardado en la matrix para siempre.
Habitar nuevos lugares desde la experiencia abre nuevas sensaciones y estímulos, genera inspiración, toca el alma, el interior, y se guarda para siempre. Hay experiencias 360 que son imposibles de capturar, y en ese momento me rindo, porque es inútil intentarlo. Y en esa rendición pasa algo: todo entra de verdad.
Los recuerdos reales no se guardan en la memoria del teléfono. Se graban solos, adentro, cuando estás presente de verdad. Desde ese lugar, se es de una manera inigualable. Somos ricas las personas que guardamos experiencias en nuestra cajita interna de recuerdos.
Dejá de querer contarlo. Contátelo a vos. Si dejás de pensar en el momento de más adelante y te entregás a lo que está pasando, vas a sentir magia. Posta.
J.



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